El cardo y el clavel luchan sin tregua,
Pero es el jardinero quien lo sufre;
La Primavera casi obliga a ello.
¡Extraña Primavera,
resulta tan odiada tu presencia,
pero tan añorado tu recuerdo!
“¿Recuerdas la locura, la belleza,
el dulce despertar, el sueño inquieto,
la vida día a día, la presura?
¿Recuerdas la alegría, la hermosura,
las penas pasajeras, tan profundas?
Entonces entendíamos al viento,
entonces extendíamos al cielo
las manos y rompíamos la luna.
Entonces compartimos el aliento,
entonces competimos por un sueño,
huyendo del áspid de la cordura;
la sangre limpia, pura
del envenenamiento
irremisible de su mordedura.”
¡Extraña primavera!
¡Duele tanto la vida con tu ausencia,
que te hayas convertido en un recuerdo!
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