I
Y mira tú si te quiero
y me duele hacerte daño
que voy tras de ti, bebiendo
de tus lágrimas los charcos.
II
¡Ay ojitos de mora,
ay cara guapa,
quién tuviera tu boca
para besarla!
Para besarla y verla
florecer con la risa
como una adelfa.
III
Cuando humillas a la luna,
regalando tu belleza
a los pobres habitantes del asfalto,
la pobre llora, y su llanto
siembra cada noche el cielo con estrellas.
IV
¡No me mires tan fuerte,
niña de fuego,
que de tanto mirarme
me quedo ciego!
Me quedo ciego y mudo;
con mis manos te veo
y te susurro.
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