Te canto a ti, fantasma
de tristes madrugadas solitarias,
a aquella a la que adoro,
a la que necesitan mis mañanas;
a la que, oscuras noches,
echan de menos mis oscuras sábanas.
Bañando mis momentos
con tu triste mirada,
con el amanecer de tu sonrisa,
y con la comprensión con que me amparas
oro vuelves el plomo
pesado de mi vida encarcelada.
Deseo que el deseo
que siento por tus manos delicadas
e hirientes, por tus labios
dañinos y calmantes, por la magia
hipnótica, asesina de tu clara
suave infinita piel, no encuentre calma
en meses años siglos…
cazar el Infinito,
librar al pobre Amor de su mortaja.
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